Saponificacion Cadaverica: Como hacer jabon de humanos



Amigos, hoy, al más puro estilo de bricomanía, os enseñaremos a hacer jabón. Pero no un jabón cualquiera,  de humano. Como oís, que no os parezca tan raro, no es un método para atraer visitas. Es la cruda realidad. Os puedo demostrar como la naturaleza hace y transforma los cadáveres humanos en jabón mediante el proceso de la Adipocira.

Antes de comenzar a hablar de ello deberemos aprender unas nociones básicas sobre cuál es la fórmula magistral para hacer un simple detergente.

¿Cuál es la reacción que permite hacer el jabón?

La respuesta es muy sencilla, se denomina Saponificación. Es una reacción química entre un acido graso saponificable (un tipo de grasas que se juntaron con un alcohol y formaron un Ester), y un Álcalis o Base.  Esa base por lo general es muy fuerte, suelen ser hidróxidos de potasio o sodio y sin ella no se produce la reacción. El resultado de esta unión Acido Graso  + Base es siempre un jabón y glicerina. Esta reacción también se denomina hidrólisis alcalina de un Ester pues se descompone unas sustancias complejas en otras más simples gracias a la ayuda del agua.

ÁCIDOS GRASOS + SOLUCIÓN ALCALINA = JABÓN + GLICERINA


Con que hayáis entendido esto ya podemos comenzar a explicar que es el proceso de la Saponificación cadavérica o Adipocira.

¿Qué es la Adipocira?

La adipocira, es un fenómeno en el que la grasa corporal, es transformada paulatinamente en jabón. El cadáver se preserva por mucho más tiempo, disminuye su putrefacción y muestra un aspecto semejante al de de una vela. En cierta manera, podríamos decir, que se trata de un “embalsamamiento natural”.

¿Cómo se descubrió?

La Saponificación cadavérica fue nombrada por primera vez por Sir Thomas Browne, un médico y escritor inglés alrededor del siglo XVII. Describió que algunos cadáveres no se descomponían por el proceso de siempre, sino que algunos se convertían en algo parecido a la cera.  En el siglo siguiente, un químico, Antoine François Fourcroy. Descubrió cientos de cadáveres en el Cementerio de Los Inocentes de París (cerrado por insalubridad tres años antes), cuyos torsos y extremidades poseían una sustancia con propiedades intermedias entre la grasa y la cera. A este proceso lo bautizaría con el nombre de Adipocira. Años más tarde, también un medico, Augustus Bozzi Granville. Conocido por ser el primero en realizar una autopsia a una momia, encontró en esa misma intervención una sustancia cerosa que podría haberse utilizado para el proceso de embalsamamiento o que había producido el propio cadáver naturalmente por el proceso de descomposición. No obstante, a él, eso le daba igual.  Y cuando hizo su exposición pública sobre los resultados obtenidos de la autopsia a la momia, utilizó para alumbrarse unas velas que el mismo había hecho con esa cera. Seria a partir de su muerte, a principios del siglo XVIII, cuando realmente comenzaría una intima preocupación por la medicina forense y la observación química del proceso de descomposición.  Llegando a recrearse artificialmente este proceso en 1920, con el cadáver de Rosalía Lombardo una niña siciliana de dos años de edad muerta de neumonía. El embalsamador Alfredo Salafía, se encargaría de su proceso de conservación en las Catacumbas de los Capuchinos de Parlermo gracias a una fórmula secreta recientemente descubierta, compuesta por formol, agua, zinc, alcohol, acido salicílico, glicerina y parafina. Por otra parte el clima de las catacumbas permitió que se conservasen también los órganos intactos hasta nuestros días. Como detalle, hoy en día es una de las atracciones turísticas más visitadas en Palermo. Se la conoce como “La Bella Durmiente”.

¿En qué condiciones se produce?

Para que el proceso de la saponificación cadavérica se lleve a cabo, el difunto debe de estar en inhumado en un terreno húmedo, frio y sin aire.  De todas maneras, para el inicio del proceso solo con el agua corporal a la hora de la muerte es suficiente para lograr una adipocirosis parcial. También se puede da en terrenos arcillosos húmedos, en cadáveres sumergidos en agua estancada o poco acaudalada escasamente oxigenada, y en cuerpos que han sido enterrados unos en contacto de otros. La explicación de esto es porque los cuerpos del fondo del nicho tienen menos oxigeno y hay más probabilidades de que se de este fenómeno que en los de arriba.

La transformación de la grasa en jabón tiene una relación directa con la cantidad de lípidos del cuerpo y su distribución. Las mujeres, con un 20 – 25% de grasa en el cuerpo, y los niños o fetos mayores de 7 meses, son más proclives a ello puesto que tienen una mayor concentración de grasa que los hombres (un 16% de grasa). Así mismo, las personas obesas o personas que padecen alguna patología que interfiera en la degradación de los lípidos como por ejemplo el alcoholismo, son especialmente indicados para que se conviertan en muertos incorruptibles.

En cuanto a partes del cuerpo mas dadas a que se conviertan en cera. La adipocirosis se inicia en regiones con alto contenido graso, por ejemplo las mejillas o las nalgas, siempre desde el exterior hacia el interior extendiéndose, si las condiciones son óptimas, a lo largo de todo el cuerpo incluyendo los órganos. A partir de la sexta semana después de la muerte, ya se puede a empezar a apreciar esa piel o capa de cera que envuelve al cuerpo de color amarillo, untuosa,  viscosa, y de olor rancio (adipocira reciente) que evoluciona poco a poco finalizándose a los 18 o 20 meses. Esto se da con mayor o menor rapidez en función de la situación en las que este la momia. Tenemos datos de que un cadáver en un agua poco oxigenada puede tardar alrededor de 100 días en realizar el proceso completo. Poco a poco, con el paso de los años, esa untuosidad se va perdiendo y esa costra que envuelve el cuerpo se va endureciendo, adquiere un color blanquecino y se seca de tal modo de que cuando se toca, se granula y se rompe (adipocira antigua). Existen casos en que el proceso de inicio ha sido solo de 15 días pero esto solo se produce en contadas veces y cuando la situación es extremadamente buena.

¿Cuál es el mecanismo de formación?

El proceso de transformación de los lípidos de nuestro cuerpo en jabón no ha sido del todo esclarecido. De momento, las explicaciones que tenemos es que bacterias aerobias y anaerobias como Micrococcus luteus, Staphylococcus aureus y Clostridrium perfrigens y bacterias gramnegativas producen amoniaco descomponiendo el cadáver. Este amoniaco descompone las grasas neutras en ácidos grasos libres, destacar los insaturados por ser los que propician la adipocira, y glicerina. Los ácidos grasos instaurados, como puede ser el oleico o el palmítico, se transforman por la presencia de agua (ya sea la propia corporal o la humedad ambiental) y iones monovalentes de elementos como Potasio, Calcio o Magnesio en jabones gracias a la ayuda de la bacteria Micrococcus luteus que actúa como catalizadora del proceso. El principal compuesto obtenido de esta reacción es el Acido 10-hidroxiesteárico que se obtiene a partir del Acido Oleico y se considera un principal constituyente de la Adipocirosis. Poco a poco, el agua del cuerpo se consume y la acción de las bacterias descomponedoras se disminuye por la acidificación orgánica del cadáver que ralentizara su crecimiento y propagación. Estos jabones se van extendiendo por todos los ligamentos, órganos, y estructuras corporales pudiendo llegar a ser una adipocirosis total y que preservara el cuerpo durante mucho tiempo.


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